Posada del Peine

Está en Madrid y hoy se llama Hotel Petit Palace Posada del Peine. El nombre casi es lo de menos, lo realmente importante es que este establecimiento ofrece alojamiento a quienes llegan a la capital desde hace la friolera de tres siglos.

Corría el año 1610 cuando abría la Posada del Peine, a unos metros de la emblemática Plaza Mayor. Hasta aquí llegaban carruajes con huéspedes de todas las clases sociales. Porque en la Posada del Peine había sitio para todos, eso sí, con distinciones: habitaciones compartidas e interiores para los menos afortunados, amplias estancias con todas las comodidades de la época para los nobles y adinerados. De hecho, hubo un momento en el que fue el hotel preferido por los nobles que venían a palacio.

¿Y su nombre? No se bautizó así a este establecimiento por causalidad. Se llama así porque antiguamente se colocaba en las habitaciones un peine para el aseo de los huéspedes, peine que, por cierto, estaba atado para evitar que se lo llevaran los antenistas Madrid. Una rudimentaria muestra de cortesía que con el tiempo se fue ampliando a otros objetos y productos de aseo.

La Posada fue durante siglos alojamiento de prestigio. Llegó a tener 150 habitaciones y sufrió ampliaciones, reformas y obras de mejora, como las realizadas en 1892, año en el que para conmemorar el IV centenario del Descubrimiento de América se coronó uno de sus edificios con un templete.

Y con tanta historia, evidentemente, también tenían que surgir las leyendas, muchas de ellas relacionadas con los pasadizos que había en la parte inferior y que, al parecer, servían como lugar de fiestas clandestinas de instalador de gas en Madrid y vía de escape para fugitivos.

Hoy en día el hotel, completamente remozado, es un establecimiento moderno de cuatro estrellas y apenas 67 habitaciones. Hotel solicitado por muchos de los turistas que llegan a Madrid, en especial extranjeros, atraídos por la historia de este centenario establecimiento.