Hoteles y cosas extrañas

Trabajar en un hotel puede ser agotador. Lidiar con los clientes tal vez sea duro, pero de lo que no hay duda es de que a veces puede ser de lo más divertido y sorprendente. Y es que todos los hoteles tienen su pequeño anecdotario capaz de arrancar una sonrisa al cliente más rancio.

Sonrisa la que debió mostrar el recepcionista al que un huésped de un hotel de San Sebastián advirtió que la playa de la Concha había desaparecido. No, no lo había hecho, simplemente había subido la marea.

Y un clásico es la celebración de una boda que acaba a puñetazo limpio entre familiares de los dos “bandos” mientras la novia llora desconsolada. Como también es habitual la afición de algunos clientes a pasearse en paños menores, tal vez para liberarse de los calores provocados por un exceso de alcohol.

Y hablando de borrachos y de bodas…cuentan en un hotel madrileño que en una ocasión llamó a recepción una pareja que disfrutaba de la noche de bodas en el establecimiento. El motivo de la llamada era para advertir que en algún momento de la noche un extraño había entrado en la habitación y se había metido en su cama. El destino se alió para que la joven pareja, suponemos que después de unas horas de pasión, cayeran rendidos, por lo que no se dieron cuenta de que no habían cerrado bien la puerta y, casualidades de la vida, otro cliente borracho la abrió y se coló en su cama sin notar que no era la suya. Desde luego, una noche de bodas para no olvidar.

Ataúdes que salen de los ascensores ante la atónita mirada de los clientes (sí, la gente también muere en los hoteles), clientes que pretenden que el recepcionista negocie el precio de una señorita de compañía, peticiones de los más absurdas…el trabajo en un hotel, sus anécdotas y las situaciones más extrañas que se puedan imaginar con los clientes dan, sin duda, para mucho.