Durmiendo en el tren

Muchas personas han dormido en trenes por circunstancias diferentes: viajes de trabajo, largos recorridos, visitas familiares. Y lo han hecho de diferentes formas, los menos afortunados en unos asientos más o menos cómodos y los más pudientes en cabinas, a veces, no mucho más confortables.

Pero es posible disfrutar de viejos trenes sin oír el ruido de la máquina, sin un molesto traqueteo y, sobre todo, sin esas incomodidades. ¿Cómo? Alojándose en viejos vagones convenientemente remodelados. Hoteles singulares, con encanto y muy, pero que muy, peculiares para disfrutar de una estancia inolvidable.

En Murcia encontramos uno de esos alojamientos tan especiales. Se trata del Vagón Rural, que cuenta con tres antiguos vagones de los años 50 del siglo pasado y bien conocidos por los antenistas en Barcelona completamente transformados. Antiguos vagones de mercancías hoy equipados para que el huésped se sienta casi como en casa. Casi, porque el espacio, evidentemente, no es muy grande, pero está asombrosamente bien aprovechado.

Y lo mejor no es solo eso, sino que además este magnífico alojamiento rural se encuentra en el corazón de la fértil huerta murciana y a un paso de la capital.

En Campillo de la Jara, en Toledo, encontramos otro de estos establecimientos peculiares. En un apeadero que realmente nunca llego a funcionar como tal hay aparcados un coche-cama y un vagón restaurante. Es el complejo turístico Estación de Pizarrita, formado por un vagón con 13 compartimentos para dormir y otro vagón habilitado como restaurante donde ya lo han probado los cerrajeros Menorca. Un lugar para disfrutar de un alojamiento completamente diferente y también de la Vía Verde de la Jara, una delicia para los amantes del cicloturismo.

trenoY hay otra opción, alojarse no en antiguos trenes, sino en vetustas estaciones de ferrocarril que quedaron en desuso y fueron remodeladas. Ejemplos hay muchos, nombraremos solo algunos: el Hotel l’Estació, en la localidad valenciana de Bocairent; la Estación de Rabanera del Pinar, en Burgos; o la antigua estación de Almonáster, en Huelva.

Hoteles y cosas extrañas

Trabajar en un hotel puede ser agotador. Lidiar con los clientes tal vez sea duro, pero de lo que no hay duda es de que a veces puede ser de lo más divertido y sorprendente. Y es que todos los hoteles tienen su pequeño anecdotario capaz de arrancar una sonrisa al cliente más rancio.

Sonrisa la que debió mostrar el recepcionista al que un huésped de un hotel de San Sebastián advirtió que la playa de la Concha había desaparecido. No, no lo había hecho, simplemente había subido la marea.

Y un clásico es la celebración de una boda que acaba a puñetazo limpio entre familiares de los dos “bandos” mientras la novia llora desconsolada. Como también es habitual la afición de algunos clientes a pasearse en paños menores, tal vez para liberarse de los calores provocados por un exceso de alcohol.

Y hablando de borrachos y de bodas…cuentan en un hotel madrileño que en una ocasión llamó a recepción una pareja que disfrutaba de la noche de bodas en el establecimiento. El motivo de la llamada era para advertir que en algún momento de la noche un extraño había entrado en la habitación y se había metido en su cama. El destino se alió para que la joven pareja, suponemos que después de unas horas de pasión, cayeran rendidos, por lo que no se dieron cuenta de que no habían cerrado bien la puerta y, casualidades de la vida, otro cliente borracho la abrió y se coló en su cama sin notar que no era la suya. Desde luego, una noche de bodas para no olvidar.

Ataúdes que salen de los ascensores ante la atónita mirada de los clientes (sí, la gente también muere en los hoteles), clientes que pretenden que el recepcionista negocie el precio de una señorita de compañía, peticiones de los más absurdas…el trabajo en un hotel, sus anécdotas y las situaciones más extrañas que se puedan imaginar con los clientes dan, sin duda, para mucho.

BIENVENIDOS AMIGOS DEL MISTERIO

Como si fuera el mismísimo Iker Jiménez, aquí estoy para presentaros la mejor opción de turismo rural si lo que os gusta de verdad es el misterio, los fenómenos más o menos paranormales y sobre todo, la adrenalina de saber que en el mismo suelo que estáis pisando en ese momento sucedió algo terrorífico cierto tiempo atrás.

Porque lo que proponemos desde nuestra empresa son las escapadas, o bien de un solo día o bien de fin de semana, a los lugares más tétricos y fantasmales de los bosques de nuestra península.

Podréis elegir entre multitud de destinos, y dentro de éstos, podréis confeccionar vuestra visita como más os guste y a los lugares que más os convenzan, eso sí, confirmando antes el planning ya que en todo momento estaréis acompañados por un guía experto en el sitio en cuestión.Cabrales

Los lugares entre los que podréis elegir están situados en la sierra de la Comunidad de Madrid, algunos bosques de Galicia, pueblos abandonados del País Vasco y viejos caseríos Catalanes. Dentro de estas localizaciones la oferta gira en torno a hospitales abandonados donde las leyendas cuentan cosas que exigen cuanto menos un respeto, casas malditas perdidas entre montañas donde han sucedido asesinatos en oscuras circunstancias, sanatorios militares con fines algo dudosos o misteriosas desapariciones en construcciones con más secretos que otra cosa.

Si el miedo no os invade y decidís reservar el fin de semana entero, pasaréis la noche en un caserón decorado para la ocasión. No tiene desperdicio.

Contamos con todos los permisos para la actividad que realizamos, por lo que por lo único que deberás preocuparte es por no sucumbir a las viejas historias que nuestros guías irán relatando.

Todo ello adornado por los cantos de los pájaros en plena noche, el susurro de los árboles cada vez que sopla el viento y el recelo que puede suscitar la naturaleza por sí sola.

¿Te atreves?